Donkey Kong es, probablemente, la saga de Nintendo con la trayectoria más volátil en relación con su fama. Desde sus orígenes en el arcade, el personaje ha gozado de una popularidad propia de las franquicias más relevantes de la compañía, aunque la evolución de la saga ha sido irregular a través de las diferentes generaciones de videoconsolas.
Pasamos de la gran obra que supuso la trilogía original de Donkey Kong Country en Super Nintendo a pasar de puntillas en plataformas como GameCube. Y aunque tuvo un aclamado retorno en Wii y Wii U con Donkey Kong Country: Returns y Tropical Freeze, no ha sido hasta la llegada de Nintendo Switch 2 cuando Nintendo ha apostado de nuevo con fuerza por el simio más carismático de la industria.
En este artículo analizo la identidad propia de Donkey Kong Bananza y sus influencias más directas. Cuidado: hay spoilers!
Que es Donkey Kong Bananza
Donkey Kong Bananza se aleja del 2D que había definido históricamente a la franquicia para presentar la segunda aventura tridimensional de Donkey Kong. Veintiséis años después, el simio regresa uniendo fuerzas con Pauline en un viaje al centro de la Tierra para cumplir sus deseos. Por el camino se enfrentarán a la Void Company, una corporación que también persigue ese objetivo y que necesita los poderes de canto de Pauline para alcanzarlo.
Donkey y Pauline viajan a través de 17 mundos en los que avanzarán a golpes contra todo lo que encuentren a su paso. Donkey posee la fuerza suficiente para romper el propio escenario con sus puños, uno de los puntos más destacados e innovadores del juego. El mapa no se regenera hasta que abandonamos cada mundo, provocando que el entorno quede profundamente alterado durante la exploración y obligando a reinterpretar el espacio para encontrar todos los coleccionables.
Aunque la destrucción del entorno es el punto más rompedor, Donkey puede hacer mucho más que eso. La jugabilidad consiste también de saltar, trepar o nadar con una fluidez sorprendente. Esta movilidad se amplía a través de las Bananzas: transformaciones en distintos animales que Donkey irá adquiriendo a lo largo de la aventura. Podrá correr sobre hielo quebradizo en forma de cebra, absorber el terreno como elefante, volar como una avestruz o rebotar como serpiente, además de convertirse en una versión más poderosa de sí mismo en su primera transformación.
Cada uno de los mundos está repleto de coleccionables que empujan al jugador a explorar hasta el último rincón del escenario. El principal de ellos son las gemas de Banandio, unos plátanos dorados que ascienden al millar y son el eje de progresión. Junto a ellas encontramos cientos de fósiles inspirados en el universo Kong, que pueden intercambiarse por ropa para los protagonistas.
Donkey Kong no es una de esas sagas con una continuidad clara como ocurre con Mario o Zelda. Bananza no se presenta como una evolución natural de Tropical Freeze ni, tras tantos años, como una continuación directa de Donkey Kong 64. De hecho, si pienso en el ADN principal del juego, el referente más cercano que se me viene a la mente es Super Mario Odyssey.
La influencia de Super Mario Odyssey
Al ser desarrollado por el mismo equipo, temía encontrarme con un Super Mario Odyssey disfrazado de Donkey Kong. Y, en efecto, ambos juegos comparten muchas similitudes, sobre todo en cuanto a concepto narrativo y estructura jugable.
Ambos arcos de progresión son similares: mundos sandbox que culminan con un jefe y conectan con el siguiente mundo. En los dos casos tenemos una curva de dificultad muy similar, siendo los primeros mundos muy (pero muy) fáciles y mostrando un postgame más complejo (mención especial al lado más oscuro de la luna en Odyssey).
También los coleccionables cumplen un papel equivalente: En Odyssey, las Energilunas y las monedas; en Bananza, las gemas de Banandio y los fósiles, que además sirven para desbloquear ropa para nuestros protagonistas.
Pese a estas similitudes, Bananza ofrece una experiencia muy distinta. Mientras que Mario se transformaba en enemigos con Cappy, Donkey altera el entorno con sus puños. Sus volteretas, saltos, trepadas y, sobre todo, las transformaciones a través de las distintas Bananzas convierten la jugabilidad en algo completamente propio.
Aunque ambos conceptos de juego parten de la exploración libre, las mecánicas de cada uno los diferencian radicalmente.
Por todo ello, veo a Bananza como una secuela espiritual de Odyssey. Pero en absoluto veo a Donkey como una posible transformación de Cappy. Donkey Kong Bananza abre una idea muy distinta a Odyssey, dotándole de un concepto propio en todo derecho.
La influencia de Rare y la reconciliación de universos
Donkey siempre se ha movido entre dos universos: el de Nintendo y el creado por Rare. Al ser un juego desarrollado por la propia Nintendo, cuando vi el tráiler de presentación, muchos de sus elementos me hacían presagiar que Bananza podía suponer un reboot en la saga y por lo tanto un carpetazo al legado de Rare.
Donkey presenta una nueva imagen, inspirada en Super Mario Bros: La Película y estrenada en videoconsola en Mario Kart World. Su diseño, más caricaturesco y expresivo, se aleja del tono serio de los juegos Country de la trilogía original. Si sumamos el hecho de que la co-protagonista de la aventura es Pauline, un personaje históricamente olvidado pero con un papel mayor en (¡sorpresa!) Odyssey, esto me hacía temer un mayor alejamiento del universo de Rare y al mismo tiempo, un retorno a los orígenes de Donkey.
Sin embargo, Nintendo abraza el legado de Rare más de lo visto las últimas entregas. Al principio, encontramos personajes clásicos como Cranky y Rambi, y más adelante, a las antiguas estrellas Diddy y Dixie, con los que rememoraremos los acontecimientos de la trilogía original.
Las pequeñas fases 2D a lo largo de la aventura están claramente inspiradas en los juegos clásicos. Podemos incluso visitar la casa de Donkey del primer Country o avanzar por un nivel dominado por barriles disparadores que rememoran la segunda entrega.
La música, tan fantástica como siempre en la saga Country, se mantiene intacta, evocando temas clásicos como "Stickerbush Symphony" y añadiendo temas como "Heart of Gold", interpretado por la propia Pauline.
Pero el momento más nostálgico lo vivimos cuando llegamos al centro de la Tierra. No sólo vemos a los enemigos clásicos de la saga, como Kremlings, Zingers o Armys; también nos enfrentamos por primera vez en decenas de años a King K. Rool, el olvidado enemigo por excelencia de Donkey Kong.
La reconciliación entre los universos de Nintendo y Rare ocurre cuando Donkey y Pauline combaten contra King K. Rool en New Donk City, uno de los momentos más emotivos y culminantes del juego.
A lo largo de la aventura, aparecen guiños constantes en forma de fósiles con formas de animales o enemigos de la trilogía original. Los Fractonos recuerdan a Banjo-Kazooie, un sutil y nostálgico homenaje a Rare. Incluso en el controversial DLC, viajamos a la isla de DK con la ambientación vista en Nintendo 64, donde encontraremos a viejos amigos como Squawks el loro.
El futuro de Donkey Kong
La saga Donkey Kong ha tenido una continuidad compleja a lo largo de los años. Nintendo, al igual que con Mario o Kirby, no profundiza en explicar su universo, por lo que el papel de Pauline como compañera de Donkey no deja claro si estamos ante un reboot argumental. Los fans seguiremos especulando si esta Pauline es la nieta de la original secuestrada por Cranky o la misma protagonista de Odyssey. Más allá de estas teorías, Bananza me ha dejado con la sensación de que Nintendo no pretende borrar el legado de Rare, sino fusionarlo con su propio universo. ¿Volveremos a ver a Dixie protagonizar un juego como lo hizo en 1996? No lo creo: la obra original de Nintendo es claramente Donkey. Sin embargo, todo apunta a que seguiremos viendo a los personajes clásicos de Rare en futuras entregas.
La apuesta de Nintendo por la saga me da esperanzas de que Donkey podría dar mucho más juego en el futuro de lo que lo ha hecho en los últimos 25 años. Las principales sagas de Nintendo cuentan con un héroe, una habilidad principal y un antagonista claro. Link tiene la espada maestra para luchar contra Ganondorf. Yoshi transforma enemigos y lanza huevos a Baby Bowser. Mario salta sobre Bowser. Y aunque me gustaría decir que espero que podamos ver a Donkey rompiendo montañas y dando puñetazos a King K. Rool en muchas entregas más, lo único que sabemos con certeza es que Bananza consolida a Donkey Kong como una saga tan relevante y brillante como Mario y Zelda.

Me parece un gran juego, tiene lo que te da un Mario en 3D pero sin perder la esencia de Donkey Kong, muy divertido 😁
Un gran juego a la altura de los mejores Mario 3d. Es una lástima que jamás vaya a vender tanto como ellos porque se lo merece.
Nice article. Replying in english because this is my preferred language. I actually have not played Bananza just yet, but I bought it already as a chistmas present for my kid. Very happy to hear that Rare legacy is reflected then. There is nothing better than cross generational nostalgia and the whole idea of making my kids experienced what I experience when I was their age is very gratifying.