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Opinion

Pokémon Rojo y Azul y el valor del coleccionismo in-game

By Álex Vázquez
Pokémon Rojo y Azul y el valor del coleccionismo in-game

Hace ya 30 años del lanzamiento de Pokémon Rojo y Verde en Japón. La franquicia no solo fue una revolución para la industria, revitalizando una Game Boy que parecía estar en sus últimos momentos y siendo un gran referente para muchos juegos posteriores, sino que también tuvo un gran impacto en la cultura popular, afianzándose en el corazón de millones de personas a través del anime, películas, peluches y muchísimo más merchandising. Pero si volvemos al punto inicial, nuestros queridos juegos originales para la portátil de Nintendo, vemos que una gran parte de su éxito radicó en algo muy concreto: el coleccionismo.

Pokémon Rojo y Azul: la escasez que marcaba el valor

La primera generación de Pokémon instauró una premisa en la franquicia. Un niño de un pueblo se convierte en entrenador cuando un profesor le da la oportunidad de comenzar su aventura junto a un Pokémon a escoger entre tres. En aquel primer viaje, fueron Bulbasaur, Charmander y Squirtle. El entrenador debía capturar Pokémon, hacerles combatir para fortalecerlos y así enfrentarse con 8 líderes de gimnasio con el fin de abrirse las puertas para retar a la Liga Pokémon, constituida por el temible Alto Mando y el Campeón regional. Si el entrenador salía victorioso, se convertía en el nuevo Campeón. Pero más allá de ese reto, el profesor instaba al entrenador a atrapar al menos un ejemplar de cada Pokémon de la región. Y es precisamente ese factor coleccionista lo que hacía a Pokémon tan adictivo.

En las versiones originales, la gran mayoría de encuentros con los Pokémon se producía cuando el jugador pisaba la hierba alta, apareciendo uno de ellos de forma aleatoria. Muchos de ellos eran muy comunes, y los encontraríamos continuamente a lo largo de las rutas que unen las ciudades de Kanto. Sin embargo, otros se hacían de rogar.

Algunos ejemplos son Clefairy en el Mt. Moon o Jigglypuff en la ruta 3. Su tasa de aparición era muy baja y no se encontraban fuera de esos lugares. Sin embargo, con cierta paciencia y suerte, en menos de una hora rondando la zona podías conseguir al menos un ejemplar.

Mucho más extremos eran los casos de los Pokémon legendarios: Mewtwo, Articuno, Zapdos y Moltres. Solo había uno en el juego y disponíamos de una única oportunidad para atraparlos. Parecido era el caso de Snorlax, que solo había dos disponibles en el tramo intermedio de la aventura. Estos siempre tuvieron un papel fundamental en el desarrollo del personaje como entrenador. Son Pokémon muy fuertes que elevan considerablemente la fortaleza y el prestigio del equipo. Sin embargo, todo jugador podía adquirirlos, siendo más raros en el lore de la saga que su obtención en el juego.

La Zona Safari era otro quebradero de cabeza para atrapar a varios, siendo los más escurridizos Tauros y Kangaskhan. Así como Mewtwo tenía una leyenda detrás, atrapar a Tauros o Kangaskhan era mucho más complicado. No solo su tasa de aparición y captura era muy baja, sino que podían huir en el intento de atraparlos. Tampoco podíamos debilitarlos en combate, una mecánica fundamental para facilitar las capturas en el resto de la región. Atrapar uno de ellos llevaba horas y horas, si es que el jugador no había perdido la paciencia en el intento.

El siguiente grado de exclusividad se centraría en aquellos Pokémon que solo podíamos encontrar en una de las versiones del juego, y que requerían de intercambio con otro jugador para poder obtenerlos. Algunos ejemplos eran los Pokémon bicho Scyther y Pinsir o las líneas evolutivas de Oddish y Bellsprout. Sin embargo, siempre y cuando tuviéramos a algún amigo con la edición contraria, era relativamente fácil obtenerlos. Dicho esto, necesitábamos de un amigo también para obtener Pokémon que solo evolucionan a través de intercambio, como Gengar o Golem.

La máxima escasez de Pokémon, y lo que los volvía realmente valiosos era el caso de aquellos cuya obtención se hacía imposible al tomar decisiones durante la aventura. De hecho, el primer ejemplo son los iniciales del juego, algo que veríamos en todas las generaciones. Al comenzar la aventura escogemos entre Bulbasaur, Charmander y Squirtle, y una vez decidamos nuestro Pokémon inicial, ya nunca más podremos optar a obtener los otros dos durante la aventura. La única manera era encontrar a un amigo dispuesto a entregarnos su Pokémon. Lo mismo ocurría a media aventura al escoger entre los fósiles Domo y Hélix, que permitirían obtener a Kabuto y Omanyte respectivamente. Algo parecido también sucedía con el versátil Eevee y sus múltiples evoluciones. Solo hay un ejemplar de él en el juego y debemos escoger su evolución, desprendiéndonos de la posibilidad de tener a las dos evoluciones restantes.

Por supuesto, no nos olvidamos de Mew. Este fue un Pokémon singular que no se podía obtener en ninguno de los videojuegos, excepto por un glitch que permitía capturarlo. La leyenda de la obtención de Mew generó una fiebre entre los jugadores. Todos queríamos uno, y más de un jugador (me incluyo) perdió horas usando Fuerza contra cierto camión en el puerto de Ciudad Carmín.

Las nuevas mecánicas y la pérdida de exclusividad

Con el tiempo y a través de las generaciones, se introdujeron nuevas mecánicas que facilitaron la posibilidad de completar la Pokédex. La posibilidad de criar Pokémon eliminó la exclusividad de cualquiera que pudiera criar. Cierto es que a partir de la tercera generación, el Pokémon que protagonizaba la portada del juego se volvía exclusivo de la edición, siendo además siempre un legendario único en la aventura. Sin embargo, a través de las generaciones, sobre todo a partir de la sexta, cada vez se hacía más asequible (aunque igualmente laborioso) completar una Pokédex cada vez más extensa, hasta el famoso recorte de la Pokédex Nacional en la octava generación. El uso del extinto Banco Pokémon o el actual Pokémon Home, el intercambio en línea o los eventos de Nintendo para regalar Pokémon legendarios ha permitido que completar la Pokédex no sea tan complejo como en las primeras ediciones. Y seguramente es por eso, que cuando en una edición nueva vemos a un Eevee salvaje, corremos a capturarlo como si fuera una oportunidad única. Y por eso y por mil cosas más, esa primera generación siempre será especial.

2 Comments

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Toni

Se echan de menos los juegos de Pokémon clásicos... A ver si con la décima generación se empieza a recuperar ese espíritu!

10 de marzo de 2026 a las 20:00
Javi

Muy buen artículo, es inevitable volver a aquella niñez con Pokémon rojo en mi caso, han envejecido muy bien estos juegos, me han entrado ganas de empezarlo de nuevo 😍

10 de marzo de 2026 a las 18:50