E.T. el Extraterrestre para Atari 2600 se erige como uno de los hitos más infames en la historia de los videojuegos. Desarrollado en tan solo cinco semanas por Howard Scott Warshaw, empujó los límites técnicos del hardware y, al mismo tiempo, se convirtió en un símbolo del colapso de la industria de 1983. Los jugadores controlan al icónico alienígena a través de múltiples pantallas, encargados de recolectar tres piezas de un teléfono cósmico para llamar a casa mientras evaden a implacables agentes del FBI y científicos. Aunque notorio por sus frustrantes mecánicas de pozos y su elevada dificultad, el juego es un artefacto fascinante de su época. Para los coleccionistas, poseer un cartucho original es un rito de iniciación, que representa el punto álgido de la fiebre de los juegos con licencia y la posterior leyenda del entierro en el vertedero de Nuevo México. Ya sea jugado por curiosidad histórica o para dominar su compleja lógica, E.T. sigue siendo un capítulo quijotesco, aunque polarizador, del legado de Atari 2600 que todo entusiasta debería experimentar.